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Sara Ortega de Petro

Tallada en una carne alada oscura y firme

llegó mi hermana Sara desde lejos del mundo

a mis años de asma y juegos de escondidas

a encenderme Con su atávica Africa iluminándole la piel

y alborotando recia mansedumbre del patio solariego

Llegó con unos inmensos zapatos de charol fucsia

y un traje de colores deslumbrantes

que acentuaban su delgadez de cobre

Esa mujer con la hermosura de una reina de Dahomey

la delicadeza que perfiló mi madre con dulzura

Esa Sara Ortega de Petro la que es hoy mi comadre tres veces

la que cuando muero de soledad o de locura

acude a verme con tazón de sopa y todo su cariño

Aún hoy tengo tanto de ella en mí como de las mariposas

La lluvia y los primerizos mameyes del invierno

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El leopardo

Como fuerza de monte

en un rincón oscuro

la infancia nos acecha

Así el leopardo – Martha Cristina Isabel –

El leopardo se asoma por tus ojos

ha saltado derrumbando años

y sobre mi niñez – de bruces – me he derribado

Sueños de un día trepando los peldaños de la eternidad:

Tú venías por el sol y yo era de barro triste

Tú tenías noticias del universo y yo era ignaro

Los años – Martha – con su carga de piedras afiladas

nos ha separado

Hoy te digo que creo en el pasado

como punto de llegada

Lo más probable

es que seas como los otros

ignorante y mentirosa

No aquella que pobló mi infancia

No aquella de luciérnagas en los ojos

Querida

Cómo estás de cambiada

Lo más natural es que seas como ellos

indolente y malvada

Los más natural

No el endeble pájaro de verano

No las margaritas del jardín

A una amiga de infancia

Vienes en el viento

Rosa alba de mi niñez

Desde muy lejos

dla Liguria a Cereté

Confundida con la rosa

de los vientos

Ayer no más

soñaba contigo

y hoy te apareces

tan real

como las mariposas en el patio

Rosalba

tan presente

que dan miedo su blancura

la fortaleza de su risa

la nostalgia de su acento

su lucidez

Dan miedo y dan placer

Anoche

cuando soñaba contigo

pensaba

que tienes un gran poder sobre mí

El que se tiene sobre aquellas personas

a quienes se ama

Tú me quisiste cuando niño

y eso quiere decir para siempre

Tania Mendoza Robledo

Mujer de una belleza de otra parte

tuviste que cruzar el océano

para encontra el amor

Te nos fuiste de Petulia casi para siempre

de lo ensimismados que estábamos

con nuestras anémicas vidas

para entender tu aventura de amor

Mujer con una carne oscura y silenciosa

Compañera

Ninguno de nosotros supo retenerte

Siempre estabas demasiado ausente

Desde entonces te nos estabas yendo

En el lugar del escenario una trágica creciente

como una luna

como una droga amorosa para el ojo

que la ve y no se sacia de ver tanta hermosura

ardiendo sobre unas miserables

tablas de roble apolillado

Tania Mendoza Robledo

Precoz trágica de los escenarios colombianos

Bruja

Moría en cada noche como la flor de la coraguala

y perfumaba de tristezas

a todo el que tuviera la dicha terrible

de contemplarla

Donde esté la imagino animando

algo casi modesto en apariencia

algo que casi no le importe a nadie

Qué te vas a acordar Isabel

de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio

de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos

de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de…

Cuando tenías los ojos dorados

como pluma de pavo real

y las faldas manchadas de mango

Qué va

tú no te acuerdas

En cambio yo no lo notaste hoy

no te han contado

Sigo tirándole piedrecillas al cielo

buscando un lugar donde posar sin mucha fatiga el pie

Haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra

y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo

y sigojugando a las muñecas bajo los reflectores del escenario

Isabel ojos de pavo real

ahora que tienes cinco hijos con el alcalde

y te pasea por el pueblo un chofer endomingado

ahora que usas anteojos

cuando nos vemos me tiras un “qué hay de tu vida”

frío e impersonal

Como si yo tuviera de eso

Abuela Oriental

A esa abuela ensoñada

venida de Constantinopla

A esa mujer malvada

que me esquilmaba el pan

A ese monstruo mitológico

con un vientre crecido

como una calabaza gigante

Yo la odié en niñez

Y sin embargo vuelve

en esta noche aciaga

con algo de hermosura

Por algo se dice

que con el tiempo uno perdona casi todo

Vuelve con sus cicatrices en el alma

de fugada de un harén

con sus “mierda” en árabe y en español

Con su soledad en esos dos idiomas

Y ese vago destello en su espalda

de alta espiga de Siria